martes, 22 de noviembre de 2011

Últimos recuerdos


El coronel Aureliano Buendía, antes de ser fusilado, recordó la tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo hace muchos años. A la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaba por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos, se encontraban construidas veinte casas de barro y cañabrava, en una aldea llamada Macondo. Allí había muchas cosas que tenían que ser señaladas con el dedo al carecer de nombres, debido al mundo tan reciente en que se vivía. Una de estas cosas era el hielo que el coronel conoció años atrás, aquello que hoy tiene como nombre “nieve”.

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